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GASOLINA SÚPER , por
José Ángel Delgado . Se nos acababan las horas con el equipo de cámara de Ovide en esta prolongación del rodaje. La jornada la pensábamos dedicar a una escena en la que Carlos Lozano mantiene una misteriosa conversación telefónica y otra personal con Vanesa y unas muñecas rusas. Por la tarde, solventaríamos los planos previstos en una gasolinera. Las gasolineras son ese tipo de localizaciones incómodas, unos lugares en los que uno difícilmente puede plantarse sacar una cámara como la nuestra y ponerse a grabar. Porque la verdad es que, a pesar de considerarme alguien organizado y con la intención de tenerlo todo atado en las cuestiones relativas a producción, para “Cromos” mi pensamiento ha sido desde el principio el de rodar-dejando-que-todo-fluya. Está claro que esa dinámica fresca y desenfadada tiene pros y contras. Tiene el factor aventura y de destino incerto, pero tiene también el factor negativo de los problemas imprevistos. En el caso de las gasolineras, aunque ya sabía por experiencia que iba ser difícil que nos dejaran rodar “a saco”, había confiado en que nuestro aspecto de pequeñísima producción audiovisual representara una ventaja. Pero no había sido así. Lo intentamos durante el viaje en dos ocasiones y no hubo manera. Siempre nos llamaban la atención. ¿Qué demonios temerán las petroleras que desvelemos con nuestras grabaciones? Pero, vamos, que es lo más normal, y lo sabía. Así fue como tuvimos que hablar días antes con la gente de Campsa para que no pusieran pegas y nos dejaran rodar en una de sus estaciones próxima a Zaragoza. Nos atendieron amablemente y tras varias conversaciones, e-mails y faxes, se consiguió rodar. En fin, necesitábamos el permiso. Y en una peli sin apenas permisos, fue casi una excepción. José Ángel Delgado .
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